El parto de Elvira
Os pongo en antecedentes, soy una persona muy centrada en mi trabajo y en mi entorno no hay niños, por lo que cuándo me quedé embarazada me preocupaba mucho cómo enfrentarme al postparto pues no sabía cómo reaccionaría yo cuando tuviéramos al bebe en casa, una situación tan diferenta a la que estaba acostumbrada a vivir, fuera de mi cotidianidad profesional en la que me sentía tan segura. Tenía miedo a lo desconocido, a lo que pasaría por mi cuerpo y por mi mente. Mis amigos también percibían esa incertidumbre en mi, incluso ellos la tenían ya que nunca me habrían imaginado con un bebe.
Una amiga nuestra es Psicóloga y fue ella quién nos habló por primera vez de las Doulas. Nos recomendó que nos pusiéramos en contacto con vosotras pues ella opinaba que me ayudaría mucho.
Así lo hice y conocimos a Susana. La primera vez que nos vimos me explicó con más detalle en qué consistiría su trabajo y yo le transmití lo que creía que necesitaba y cuales eran mis temores. Me fui con la impresión de que iba a estar en buenas manos.
Tuve a mi bebé, Ben. Yo quería darle el pecho pero los comienzos no fueron muy buenos, en el Hospital nos daban una información contradictoria en el sentido de que durante el día las enfermeras nos animaban a que pusiéramos al pecho a nuestros hijos pero las de la noche nos traían biberones y nos obligaban a dárselos y cuando digo “obligaban” os aseguro que no estoy exagerando. Ya en casa, las primeras noches fueron difíciles, me salieron unas grietas que más bien eran costras en la punta del pezón que tapaban los orificios de salida de la leche y me producían ¡un dolor!... Afortunadamente empezó a venir Susana. Quedábamos por la mañana. Antes de que ella llegara, las primeras veces, yo me encontraba cansada, dolorida, muy triste porque pensaba que mi hijo pasaba hambre, con los nervios a flor de piel.
Las palabras ‘hambre’ e ‘hijo’ en la misma frase me provocaban una tristeza y desesperación que aún ahora hace que se me llenen los ojos de lágrimas.
Bueno, entonces Susana llegaba como a las once, me preguntaba cómo me encontraba y yo le contaba lo que sentía, lo que estaba viviendo, cómo no podía entender todos los cambios que estaba experimentando y ella, con claridad, me explicaba que todo eso era normal y por qué se producía. A la mayoría de las reuniones pudo asistir mi marido quién también sufría todos esos cambios. Susana nos daba una información magnífica que nos ayudaba a tomar las decisiones que considerábamos mejores para nosotros tres. Cuando ella se marchaba, unos días yo le decía a mi chico cuánto me estaba ayudando Susana y otros días era él, que aliviado, agradecía todo lo que nos aportaba.
Hace casi cinco meses desde que nació Ben, ya me he incorporado a mi trabajo, viajo todas las semanas, pero aún mantengo la lactancia materna pues me siento segura y fuerte para poder compaginarla y cuando deje de darle el pecho seguiré sintiéndome segura pues he aprendido que las decisiones que tomemos, siempre que se basen en el cariño y el respeto al bebé, a mí y a mi marido, son las correctas.
Os diría tantas cosas en las que nos ha ayudado tener a una Doula a nuestro lado que quizá me extendería demasiado, pero me gustaría resumirlo en que la enorme felicidad con la que he vivido mi postparto en gran parte se debe a su ayuda, a la información tan valiosa que nos ha dado, a comunicárnoslo de una forma sencilla, a su paciencia, a su cariño. Sin ella finalmente también habría sido feliz pero habría sufrido mucho más, sin duda.
Por mi experiencia recomiendo a todas las futuras mamás que se encuentren con dudas a que conozcan lo que es una Doula y lo mucho que puede ayudarles.
Gracias!,
Elvira
Doula Susana Prieto: prietomori (arroba) gmail.com; 669736070